‘Suele vestir de sombra’

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Crónicas del Olvido. Suele vestir de sombra*, de Juan Martins

**Alberto Hernández**

1.-

Es lectura en y para primera y segunda personas. Y en caso de extenderse en el ámbito de quien crece en el texto, hacerse de la tercera y enriquecerlo, en la aventura de unos poemas que tienen en José Bianco dedicatoria y ensamblaje de quien habla en el poema. El poeta de este libro anda entre los personajes que Bianco creó en “Sombras suele vestir”, novela corta elogiada por muchos, entre ellos por el mismo Borges. Y lo hace como si tentara las voces de doña Carmen, Raúl, Jacinta, María Reinoso, Bernardo Stocker o la del señor Sweiter, sin nombrarlos, pero quien haya leído al narrador argentino podría darse cuenta de los guiños hacia ellos, porque en la novela de Bianco está contenida la esencia de los versos que Juan Martins ha desarrollado desde la soledad, el reclamo o la incertidumbre de ese mundo imaginado donde caben todas las preguntas y todas respuestas, aunque ninguna ella tenga espacios en la realidad.Martins habla con el poema desde el poema porque enuncia un oyente que está en segunda persona. Una mujer, un cuerpo anónimo, el que viaja por la novela del argentino, cabría imaginar desde esta crónica un tanto despeñada. Nuestro autor, quien se vale del título de la novela para titular su libro, publicado por la editorial El taller blanco (Cali/ Colombia, 2020), se expresa desde el cuerpo ajeno que hace propio, como texto y como piel que insiste en mencionar. Y desde esa tentación, dice:“Soy el puro deseo de tu desvarío”. Y desde ese ´desvarío´ va el libro. Y viene también desde un niño que a veces aparece y se queda aturdido en la misma niñez que lo contiene. Luego avanza hasta abrirse y dejar que el poema lo diga todo como si transitara por cada una de las palabras con la intención de dejar un rastro en los personajes que arriba se mencionan.

2.-

Se queja, el texto no esconde dolores y pesares: “Alguien me lastima/ en el cuerpo del otro/ para este resto hundido que soy”. Afirma lo que siempre se ha expresado como otredad. O alteridad porque el yo ajeno es también el propio. Su yo no le pertenece, como su cuerpo. “Soy el Otro”, dijo alguien hace tiempo y esa manera de ser se ha quedado en mucha poesía, en la poesía, en la sensación de andar metido en los escondrijos ajenos, lastimados o amados. Pareciera ser una afirmación pasajera, de todos los días, por eso Martins escribe: “en un lugar común de este verso” y deja ver “las sombras de mi rostro” o “el instante de un mundo/ que me es real”, pero que se desplaza “hacia las sombras”. Un poema se ata con el otro. Es un solo poema donde resaltan las personas, los personajes, los fantasmas, los sueños, los miedos o dudas de quien no se despega de los sonidos que le atañen, venidos del otro que guarda silencio mientras el mundo se despedaza: “Esta tierra hecha/ sobre pedruscos de sangre”,y entonces quien escribe esta crónica sale con el poema a la calle donde esa tierra ha sido maltratada, como el cuerpo del otro, como la tierra misma que se es y es pisada con desdén.Para algunos, “El escándalo de quien / se mira por los espejos”, es sólo un reflejo, pero el uso de la preposición crea la duda. Mirar ´por´ los espejos es como entrar con los ojos por una ventana, alejarse. El poema no desdeña el “extravío”. Mirarse ´en´ el espejo es seguir allí, presente. Mirarse por los espejos es cruzar el espejo y hacerse en el ´escándalo´, en el ruidoso mundo que se despeña. Sigue leyendo

Él es Vila-Matas, no soy Bartleby

Destacado

Vila-Matas y su navegación: «Reunidos todos los personajes, en la búsqueda permanente de una unidad que al final se desvanece, Enrique Vila-Matas se construye personaje en esta aventura que Juan Martins ha asumido para deshacerse de sus propios fantasmas. No es de extrañar que el autor de este ensayo, un dramaturgo que se ha visto acompañado del relato y de la poesía, entre en el laberinto de una escritura en la que el escritor barcelonés es el centro, el magma que lo hace andar de puntillas sobre la lava de las palabras para alejarse, paradójicamente, de unos personajes que lo han abordado y acosado por varios años. Vila-Matas es una enfermedad contagiosa. Se añade a la vida de quienes lo leen, porque él mismo, Vila-Matas, es personaje, su propio augurio, y a la vez su propio crítico. En este intento de Martins, el otro del autor catalán se amasa cuerpo en su búsqueda: siempre aspira al desvanecimiento, a la desaparición. Una metáfora de la literatura…»/ Alberto Hernández.

Él es Vila-Matas, no soy Bartleby/Ensayo
1ª edición: © Ediciones Estival 2014
Colección El vitral de Duchamp nº 1
ISBN: 978-980-12-7542-8

 

Aquel que te libera por el goce de la palabra

Rubenski

   El libro de Juan Martins, Suele vestir de sombra (El Taller Blanco Ediciones, Colombia. Colección Voz Aislada, 2021) contiene homenajes a Borges, a Sylvia Plath, a Quevedo y a Paul Gauguin; es la ausencia de la mujer que completa el retrato frente al espejo; la ansiedad del dolor, las tremebundas espinas clavadas en los ojos. El sueño epiléptico, límbico, ensimismado. Absorto en las letras, absorto en el abismo del Ser Interior. En las borracheras brota el halo de la mujer, el silencio más ínfimo, el más puro. Los ruidos de las cosas se precipitan. Los rugidos de los astros abren rutas hacia la cábala, magia judía. La voz de Aleph Lamed Daled. El horno de la cocina integral —con el gas abierto— donde metió la cabeza Sylvia Plath, mientras dejaba a sus hijos en una habitación protegida contra la emanación, sellada al extremo.

   La desdicha y el desamor corre en las venas de Martins. La catapulta dolorosa de los sinsabores del poeta. Se levanta frente al pelotón de fusilamiento. No teme, se desborda. Las balas no sirven contra la poesía. Voces en la arena me dicen que en estos racimos de poemas —uvas consagradas— se encuentran las ebriedades del vino tinto y el vino blanco. La poesía venezolana de nuestros días tiene en Juan Martins un referente vital. Escribe también en lengua lusitana. Pessoa, Saramago & Compañía, Eça de Queirós, le acompañan en sus travesías. «Ya sin ti, no tendremos la despedida de los espejos con los que limpiabas las sombras de mi rostro»; «el vientre, un vacío estado de la locura sin ti»; «siempre taciturna y distante». Letras ensimismadas. Fulgor de eternidades en los versos, en las estrofas hambrientas de amor, deseando el sueño perdido. Añoranzas en las tercas manos del dolor sombrío; la caricia brota en el aislamiento. La locura del alcohol, cura. Se abre el alma y se desbordan chispeantes palabras de tinta negra. Son las mañanas del suicidio, los atardeceres del renacer. La noche del vampiro; la madrugada es solamente para criaturas insomnes.

   Un sol verde entra por las ventanas del jardín y Martins se viste de sombra en un castillo embrujado. Va sin consuelo. Se le ve en los ojos un triste destello desalentador. Es el camino de Borges, el camino de la ausencia y la ceguera. Se viste de sombras. Suele vestir de sombras, escribe con su pluma en un obscuro páramo de la ciudad de Caracas. Dice palabras portuguesas en voz alta. Se desgañita en la tristeza, pero es un estoico, sabe resistir. Es persistente como la hormiga tejedora, que carga cien veces su peso. Se necesita una entrega total para resistir las perdidas, las depresiones y, no sucumbir como Plath o acabar como Borges. «Una mujer agraviada cambiaría el mundo». Es «el adulterio del temor». Porque «si Quevedo me leyera por separar la noche sería aquel desierto». «Lloro y es el goce de mi desamor», «aquel que te libera por el goce de la palabra». Dice el poeta sudamericano: «El amor me está vedado por los espejos». Juan Martins sufre, pero comprende la importancia última: no desfallecer nunca, escapar del Castillo de If, así como lo hizo El Conde de Montecristo en la novela de Alexandre Dumas. Suele vestir sombra y se arraiga en el silencio: vive como un fantasma.

Juan Martins, entre el drama, la poesía y la calle

IG Story IG-FB**Alberto Hernández**

La Bermúdez de Maracay, que es calle y avenida a la vez, se muestra muchas veces arisca. Entre el silencio de los paseantes y la algarabía de los árboles de su isleta, camina un hombre. Se mueve como si estuviese extraviado. Ve hacia los lados y se tropieza con un poste. Cree saber que habla porque ya tiene en mente un personaje para sus obras de teatro. Sabe ese hombre que todo lo que acontece en la vía es motivo de recreación, de invención para su teatro y para la poesía, el ensayo y los relatos. Anda con los géneros literarios revueltos en la mirada.
Ha llegado a expresar que en la calle están sus ensayos, luego revisados con los ojos puestos en la investigación.
Es Juan Martins, quien se ha dado a la tarea de ser lo que siempre ha sido: un hombre de teatro dedicado a escribir libros, a verse en las líneas de sus poemas y a reflexionar acerca del hecho novelesco en autores que lo acosan.
En la ciudad que lo habita, Martins juega con las horas; lucha contra los demonios de un país que aún vive pegado de la esperanza.
Habitado por el ADN lusitano, Juan Martins de Oliveira nos motiva a un encuentro que pudo haber sido en un café, pero que la situación actual y una mascarilla evitaron la cita para esta conversación, que se ha dado gracias la invención virtual.
Entonces hablamos. O mejor, habló él y este redactor formuló algunas preguntas.

1.- Eres hombre de teatro, dramaturgo y director, ¿cómo accedes a la poesía luego de transitar por un lenguaje tan estructurado como el dramático?

Juan Martins: Esa estructura del drama no se pelea con la poesía, por el contrario, dialogan, viene de la mano. No siempre juntas, pero su relación con el tratamiento de la palabra se pone en marcha hacia la creación, diría, de mi propio lenguaje: lo poético o la figura del verso se instala en los diálogos. También, el territorio del poema ha estado siempre en esa búsqueda personal, no única cuando tomo del poema a modo de sitiarlo, como dije, dentro del drama. Aquí entonces es necesario destacar que el drama, de acuerdo con Fernando Pessoa, es la máxima del poeta. Nuestro amigo Pessoa pensaba que el drama (su escritura) es la expresión del poema. No establece entonces diferencias entre uno y otro. Veamos un asunto para ejemplificar: cuando Pessoa nos escribe su Teatro estático notaremos cómo éste se presenta libre de acotaciones y, como él decía, sin la acción dramática. Entendiendo por esta las formas expresivas del teatro o de la acción que lo diferencia, puesto que el cuerpo del actor interviene: la acción, el desplazamiento, el ritmo, la cadencia de aquella dicción del diálogo y lo narrativo (la historia propiamente teatral), por medio de lo cual decimos que aquello o lo otro es teatro. Después de todo cuando el dramaturgo, dentro de su convención, lo asume sabrá que trata con ese cuerpo, en tanto la construcción del personaje y de cómo se «mueve» ahora en el cuerpo del actor. Qué hace en ese caso Pessoa: rompe con toda esa formalidad del discurso y somete su poesía al diálogo, considerando que el verso funciona en él. Y más que funcionar, se arriesga con el hecho de que pertenezca al texto dramático, no obstante, al continuar con la poesía, no me divorcio del teatro. Y viceversa. Me divierto al tratar de crear esta ruptura con esos discursos. Separo un género del otro cuando es necesario, al tiempo que cruzo las formas para continuar. Por lo que voy viendo, me someteré a una y otra disciplina y, con ello, entender todavía cómo se comportan esas diferencias. Al ejercitarme en tales diferencias no eximo un género por el otro. La poesía continúa porque me lo exige. No existe mala ni buena poesía. Sólo eso: poesía. Y es una responsabilidad con mi propia voz trabajar el poema. Me siento, escribo y al escribir mi cuerpo me induce. Y la mano que escribe viene de vivir esta mixtura de los géneros. Vida, cuerpo y poema se organizan en la disciplina. Cuando me siento a escribir un drama, no pierdo de perspectiva, esa firmeza con el poema. Logro acceder a la poesía porque por encima de todo está el rigor. Exige tiempo, dedicación y entregarme al silencio. Muchas horas de trabajo. Me cuesta mucho escribir un poema. Es cada vez más difícil. Escribir es muy difícil y, como dice António Lobo Antunes, el talento no existe, sino el trabajo.

2.-Teatro y poesía, ¿se cruzan, cómo lo haces?

J.M.: Sí, en parte por todo lo que te expresaba hace rato. Sin embargo tu pregunta me permite decir que el teatro es una experiencia ajena a lo literario. Te puedo sonar contradictorio con la respuesta, pero es así. El teatro no es literatura. Es cuerpo y acción. Lo que sucede es que interviene un hecho que lo relaciona: la dicción, es decir, la palabra debe encajar con lo escenificado. Palabra y escena se unen y nos encontramos con lo que llamamos «teatro». Cuándo se cruzan, en el momento que esta dicción del actor vine del poema. Lo que tiene que decir es poema, se asocia a la poesía. Si hago teatro puedo entender esta relación y el término de eso llegar a producir felicidad cuando, claro, lo haces bien. En tal caso, cuándo saber que lo haces bien, al momento que adquieres conciencia de esas diferencias. En las que insisto para no perderme en esta navegación que significa la teatralidad. Y, te puedo asegurar, Alberto, funciona. Te pongo un ejemplo, tú viste el espectáculo que dirigí, «Mariana», de José Ramón Fernández, con la interpretación de Mirla Campos: un texto que en principio es un canto, en tanto es poesía alcanza, sólo así, una dimensión teatral. Y muchas alegrías me ofreció dirigir a la actriz. Allí, desde una manera tangencial, pero protagónica, estuvo presente el poema. Insisto, tienes que tener claras esas diferencias para lograr la estructura artística. Me espejo en una poética la cual he descubierto con los años de trabajo.

3.- Y ahora, la narrativa, el cuento, el ensayo. ¿Se trata de una necesidad estar en varios géneros?

J.M.: Así es. Si me permites decirlo, es con la poesía que me siento más firme, más a placer con la escritura. También tengo que decir que si me preguntaras, perdóname el eufemismo, cuál otro oficio me gustaría ejercer te respondería de inmediato: novelista, sin embargo uno no escribe lo que quiere, sino lo que puede. Aun así, este encuentro con la narrativa me fascina. Así que aprovecho la oportunidad para agradecer al importante apoyo del Centro de Língua Portuguesa – UPEL – Maracay y del Instituto Camões de Cooperação e da Língua de Portugal, así como al Ministério dos Negócios Estrangeiros de Portugal por su invalorable aporte a la producción, en formato digital, de mi libro El vuelo fractal de la mosca, agradezco también a Eduardo Casanova por escribir la adenda para este libro de relatos. Me siento comprometido ante tanta generosidad recibida. No sé, por otra parte, me he hallado en medio de estos géneros, son ellos los que me buscan. Es un efecto natural de la lectura: en procura de saber cómo hacen otros narradores, me involucré en ellos y de allí al ensayo, siempre en la medida de lo heterodoxo. Se relacionan, entonces creo que tu pregunta es muy pertinente en el contexto de mi escritura.

4.- ¿Cómo concilias los géneros? ¿Hacia a dónde apuntas?

J.M.: Gonçalo M. Tavares me ayudó a encontrar una respuesta a tu pregunta. Cuando dice qué no escribe con los géneros sino con el alfabeto. Y aquí descubrí una herramienta para mi estilo, la cual ayuda a comprender mi aptitud orgánica ante la escritura. No escribir desde el rigor del género, sino de lo que surja en el acto mismo de escribir. Un gesto corporal si se quiere. Apunto a la calidad de escribir, sustentarme en aquello que Yolanda Pantin ha dicho en una ocasión: a partir del distanciamiento estético. Este es, dejar reposar un tiempo el texto y volver a él. Lo que surja de allí se lo dejo a los lectores. Que sea el lector quien juzgue. En una relación más amorosa que conceptual con éste. Te doy un ejemplo, Tavares, deja descansar años sus textos.

5.- El lenguaje académico en tus letras. ¿No crees que es importante asumir con más claridad, menos opacidad, el universo de personajes, de la trama y los signos?

J.M.: Has dado en la llaga. Como crítico debo tener rigor conceptual y metódico para la investigación que en parte ha acompañado a mis ensayos, sin embargo éste no debe ahogar la claridad. Es un compromiso el cual me exige la escritura, si acaso quiero tener lectores. Te tomo la palabra, Alberto. Debo encarnar los personajes y meter la vida en la formalidad de la escritura. El signo, como a Barthes, debe liberarme. Sé que, en ciertos contextos, el rigor en mi condición de crítico teatral ayuda a los actores asirse de un método. Cuando realizo crítica teatral, siempre me dirijo a ellos. Me lo agradecen. Aun así «lo cortés no quita lo valiente». De aquí en adelante sé que debo exigirme y alcanzar al lector que espera.

6.- Tu relación con el mundo lusitano. ¿Qué hay de Saramago, Pessoa o Tavares en tu trabajo?

J.M.: Somos lo que leemos. E, insisto, además de Gonçalo M. Tavares, están presentes en la búsqueda de mi estilo. Han conformado mi estilo, entre otros, por su puesto, como lo son Enrique Vila-Matas, Mario Vargas Llosa, Haruki Murakami o Roberto Bolaño. Y me estoy refiriendo a la zona de lo narrativo o lo ficcional puesto que en poesía han sido Borges, Rafael Cadenas, Alejandra Pizarnik, entre otros. Tu misma escritura, Alberto, ha influido en mí. Permíteme el gesto de confianza. Por supuesto, debo decir que la literatura portuguesa me anda buscando por más que me escabulle de ella. Es el caso del novelista portugués José Luís Peixoto. Muy bueno. Lo estoy leyendo en estos momentos.

7.-¿Por qué Murakami, Bolaño o Vila-Matas en su afanosa escritura?

J.M.: Me divierto con la literatura. Encontrarme con estos escritores ha sido un placer, mi deseo con la escritura. Me tomo esta licencia por el disfrute con lo literario y descansar un poco del rigor investigativo que, como te decía, a veces no quiere separarse de mí. El ritmo, la cadencia y la atmósfera que crean éstos me apasiona. Me enseña. Ahora estoy en medio de ese ritmo. Quizás venga pronto otra cosa, ya que hay tantas literaturas como gente. Eso es lo divertido. Su diversidad. Ah, lo olvidaba, hay un autor que no debemos dejar de lado: António Lobo Antunes.

El vuelo fractal de la mosca

©Centro de Língua Portuguesa. UPEL Maracay.
©Camões Instituto da Cooperação e da Língua.Portugal.
Fecha de lanzamiento: sábado 25 de julio, hora: 2:00 pm.
por medio de su red Instagram:https://bit.ly/3fPxblK

Ese animal que engaña mi vientre

Crónicas del Olvido/Alberto Hernández

Ese animal que engaña mi vientre1.
No basta que a orillas del Mediterráneo alguien desde la mudez advierta una ciudad que no termina de irse, la que a veces se retuerce en los recuerdos, en la piel renegrida de la estatua, la de aquella mujer que vendía pescado en el puerto y se adentraba por las calles con su voz marina y metálica. Aquella que recogió Eugenio d´Ors y convirtió en mito. La misma que en el libro del escritor catalán apareció en imágenes de salvador de Dalí, motivo de creación del llamado “método paranoico crítico que el loco pintor catalán desplegó con sus bigotes. Los cercanos en agua y saliva, Federico García Lorca y Luis Buñuel, la tuvieron cerca. La misma Lidia Noguer i Sabá -¿hija de las últimas brujas de Cadaqués?- se creía ser otra mujer, la protagonista de La ben plantada que de d´Ors ha revelado ante los ojos de aquella parte de España. Es la Lidia de Cadaqués que recibió a Pablo Picasso en su hostal . La “musa obstinada” que nombra Vicente Pagés. Finalmente, la estatua de una mujer frente al mar azulísimo. Mujer de pelo alado por el viento. Sobre la cabeza, el envase donde los cadáveres de los pescados navegan su imposible ilusión.
Entonces, sin batirse contra las olas, Juan Martins la recrea en ese primer poema de este libro que avanza a empellones entre las imágenes de una ciudad cargada de sonidos, de silencios, de olores, de referencias y levitaciones.
Lidia de Cadaqués es el nombre que veo sobre las sinuosidades del mar y ante tus pies de barro. Sé que le acompañas cuando morías de ti. Y ahora descansas de la memoria. Todo se agrume en la voz del pintor que supo recitar sobre la piel. Si ese sueño fuera surrealista entonces esa memoria es el polvo de Portlligat que te tiene para su gloria en el nudo de las paredes. Siempre escribo con minúscula tu sensualidad y me educa en la mística del pincel. No pudo poseer tus sueños pero tu trazo penetra cualquier sentido de pureza. Así logro imaginar que tu vientre suda por los
labios del incesto.
La ciudad dentro de este nombre que se agita a las orillas de un mar interior. La ciudad tan ansiada frente al pozo oscuro de la noche, el que es agua silenciosa mientras alguien repite la imagen de la vendedora para hacerla un sueño.
Este libro de Juan Martins obra como un viaje interminable, en el que el poeta mira desde su propia sombra la ciudad que con él se desplaza, la que se ha quedado atrás y la que se deslinda del tiempo y es nueva en otro poema donde las “calles encarnan el bestiario de la noche”.

2.-
Ciudad y mujer en una metáfora que recorre todo el libro. Un paisaje que toca –de soslayo- la figura del padre, la piel de quien hace poco se hizo a un viaje y no ha terminado de marcharse. Entonces, la ciudad también es esa memoria, ese dolor leve pero hondo, pegado a la imagen de Hipatia, la que aún respira en el cuadro de Rafael Sanzio, la de la Alejandría culta que le permitió ser la primera mujer matemática de la historia. La mujer/ ciudad, la mujer apedreada, descuartizada y quemada, como una calle, como el final de una avenida.
Esta ciudad no la tengo metida en el corazón
vengo por un pedazo de poema en tu boca.
He allí ellas, la ciudad y la mujer, la desconocida que vierte su sangre en las anteriormente señaladas. Hechas poema en esta aventura que Martins ha sabido construir en medio de la premura cardíaca del pequeño mundo que nos rodea.
El lector que encare estas páginas se hará parte del tono de cada uno de sus textos. Es un libro donde ningún tema compite con otro. Es un texto solitario, unido por la pausa que le imprime la respiración o el ahogo. Texto unitario, borroso cuando se deja a un lado. Lento, pleno de una paz que llega a dolor. El poeta se deshizo de parte de la piel para poder entrar y salir de sus imágenes.
Dice casi al final:
Despertar es una forma simbólica de ser muerte. Déjela descansar
para que no entre la noche. Y con ello se va el sentido de esta utopía: dar
por seguro que los cuerpos se aman en la oscuridad de la ciudad.
Quedan sonidos a los pies de la mujer detenida en el bronce. Hay voces que la cercan. La ciudad se multiplica en la noche, silabea el desgano y la alegría de verse en ella misma, en el animal que la consagra y la disipa.
La ciudad de este libro se recrea en el estado de ánimo del poeta: quien escribe se deshace en la memoria de los que han pasado por ella. Que cada lector lo convierta en parte de su soledad, en parte de su aliento.

Ensayar para un ensayo

Alberto Hernández

Tavares BookCoverEscribir como quien escribe un libro para retozar alrededor de él, o mecerse en un columpio. Escribir para ensayar los pasos de un baile y luego leer a un poeta, “explicarlo”, analizarlo, desnudarlo. Escribir para buscar a alguien en India o encontrarlo en un reino, adentrarse en Jerusalén, aprender a elevar preces mientras el humor destaca, son algunas de las peripecias que Goncalo M. Tavares usa para deslizarse feliz entre los géneros y hacerlos a un lado y crear el que él extiende como sábana en la cama. O como mantel sobre una mesa donde las palabras están tan vivas que muerden.

Juan Martins lo aborda, lo usa como ariete para adentrarse en un mundo, en un paisaje diverso de escritura que lo ha convertido en uno de los escritores más importantes de la lengua portuguesa y ya traducido a muchísimos idiomas forma parte de una leyenda viva, literaria, existencial, imaginativa, imaginaria, desdoblada en todas las maneras de decir en el trazo de su escritura, a través del idioma que ha dado a Camoens, a Pessoa y ha cabalgado sobre el lomo de sus libros como una demostración de que escribir se sujeta a la plena libertad de inventar y hasta de burlarse de quien lee o no lo hace, porque de alguna manera el que no lector es también personaje.

¿Cómo escribe este hombre?

De diversas maneras, pero más lo que escribe ese tallador de aventuras verbales, vertiginoso en todas sus inclasificables libros: novelas que no son novelas, cuentos que se derriten en un poema o en una burla tierna, ensayos que son vehículos a toda o poca velocidad. Ensayos para ensayar y ensayarse. Poesía que se hace conferencia, personajes y señores del mundo de las letras que son tuteados, reunidos para adentrarse en un verso y removerlo, quitarle la ropa, añadirle otros verbos y adjetivos. En fin, un sujeto que bien vale tenerlo presente como lo ha hecho Juan Martins en su estudio, quien desde lo académico nos lleva a su yo y se emparenta con Tavares, con toda confianza, porque así trata el autor portugués nacido en Luanda (Angola) a quien osa leerlo.

Es decir, leemos a Martins y luego desembocamos en Tavares. O viceversa. Martins registra la escritura de Tavares y seguramente Tavares volverá la cara y registrará la de Martins. De sangre lusitana ambos, habrá alguna complicidad desde estos trópicos que tiene todo de absoluto.

Hablar de este escrito, habitante de la Lisboa de Fernando Pessoa, deviene aventura gozosa, y así lo hace saber nuestro ensayista que ensaya con Tavares. Desde los libros que ha leído, ya ha sido leído desde Tavares, porque este autor –en su lúdica exposición- es, sin lugar a dudas, uno de los escritores más felices del planeta. No tanto por la fama de la que ahora disfruta, sino porque escribe desde el goce, desde una felicidad protegida por la libertad individual, solitaria o colectiva en la que se podría mover mientras hace que –por ejemplo-  algunos “senhores” de la literatura sean “abusados” por él en entrevistas en las que André Breton, T.S. Eliot, el hombre de las correspondencias, Swedenborg; los señores Walser y Kraus sean diagnóstico y pronóstico en las manos de Tavares, quien los pasea por un juego donde también participa Bach en un “barrio” de edificios, vecinos todos del portugués.

De tanto en tanto, otros libros, varios que Juan Martins revela a quienes poco o algo sabemos de este trazador de aventuras nacido en 1970, quien se ha hecho acreedor de importantes premios en medio mundo.

Ensayar para un ensayo, aquí queda como entrada y reconocimiento a esta investigación del escritor Juan Martins, ansioso indagador de la literatura portuguesa desde una tierra en la que viven muchos lusitanos que podrían ser parte –ojalá- de las inteligentes travesuras de Goncalo M. Tavares, quien nos acaba de encontrar en sus páginas y Juan nos lo acaba de regalar en esta búsqueda incesante que debe ser atendida como se atiende un libro para llevar a todas partes.

(Nota / Prólogo para el libro de ensayos de Juan Martins “Goncalo M. Tavares: “El secreto de su alfabeto”, publicado con los auspicios del Instituto Portugués de Cultura y el Instituto Camoes Portugal / Ministério Dos Negócios Extrangeiros. Editado por Ediciones Estival, Maracay, 2019)

 

Bartleby sale a escena

Carlos Yusti (Fuente: Grupo Li Po)

Libro-El-es-VIla-MataReseñar libros imaginarios es una actividad algo más compleja que hacerlo con libros reales e impresos. Algunos escritores lo han hecho de manera excepcional como Stanislaw Lem, Borges, Bolaño, Blaise Cendras, Luis Goytisolo y de nuestro patio SantiagoKey-Ayala, por nombrar sólo algunos.

Aunque sin duda escribir sobre libros imaginarios debe esconder una ironía soterrada tanto hacía los reseñadores habituales como a la reseña en sí, en cuanto a estilo y forma.

Por ese motivo quisiera que esta reseña se leyera, sobre dos libros de Juan Martins, como si tratara de un texto algo imaginario, endeble en sus contornos y más que una reseña es un vuelo rasante, fantasmal. Son dos libros de ensayos: El delirio del sentido, desde una poética del dolor y otros ensayos y Él es Vila-Matas, no soy Bartleby, ambos editados por Ediciones Estival en el año 2014. Es necesario aclarar que los libros de Juan Martins tienen algo de inmateriales y que el escritor español Enrique Vila-Matas tienes todas las particularidades de ser un escritor inventado, un personaje moldeado en literatura, pero que escribe y desordena los discursos (y géneros) al uso, convirtiendo lo literario en un juego rigurosamente serio, pero despojado de formalidad pastosa. Sigue leyendo

Premio III Bienal de Literatura de Poesía Abraham Salloum Bitar

Soy una herida que se deja atenuar.jpgEl director ejecutivo de la Fundación Abraham Salloum Bitar, Francisco Arévalo, dio a conocer que el Jurado de la III Bienal de Literatura de Poesía Abraham Salloum Bitar decidió premiar al libro Soy una herida que se deja atenuar, suscrito bajo el seudónimo «Joseph Artaud», cuyo autor resultó ser el poeta y dramaturgo Juan Martins.

El jurado, preciso Arévalo, integrado por los poetas Alfredo Chacón, Pedro Suárez y Tito Núñez, ha decidido «conferir el Premio único instituido en las Bases de la Bienal Literaria Abraham Salloum Bitar al poemario Soy una herida que se deja atenuar, consignado bajo el pseudónimo ‘Joseph Artaud’, por la firme resolución de la dicción poemática que lo caracteriza, junto con su evidente aptitud para vincular sugestivamente entre sí las invocaciones subjetivas y referenciales que aportan a sus poemas uno de los rasgos que mejor los singularizan». Sigue leyendo

El delirio del sentido, desde una poética del dolor y otros ensayos

El delirio del sentido

Juan Martins nos anuncia en este ensayo que «ésta es una opción para el lector y para mí una aproximación teórica a algo que me ha obsesionado en mi carrera como crítico, esto es, la relación entre poema y actor. Tendremos aquí un diálogo con el lector antes que el rigor teórico que lo espante o le haga tirar el libro en las primeras de cambio […] De modo que es un tramado de ideas que están para ser debatidas. Sólo eso, diálogo en procura de la indagación. De la duda. Seré reiterativo, cambiando el tono y el ritmo de cada caso, con diferentes muestras tanto de la crítica teatral como del texto dramático o todavía desde la crítica literaria, por lo cual el lector podrá seleccionar casualmente cualquiera de estos capítulos, leerlos todos o, en cambio, rechazarlos por si lo cree suficiente. Estará en su libre albedrío». Sobre el camino de esa relación se muestra su pasión por la literatura, la poesía y el teatro.

El delirio del sentido, desde una poética del dolor y otros ensayos/Ensayo
1ª edición: © Ediciones Estival 2014
Colección El vitral de Duchamp nº 2
Depósito legal: lf0432014800595
ISBN: 978-980-12-7541-1
Diseño: Ediciones Estival & Asociados

Novelas son nombres, ensayos inexactos

Libro-novelas-son-nombres

Dice su autor en este libro: «Desde estos referentes, aquella, Aire de Dylan [de Enrique Vila-Matas], se parece a Hombre lento (2007) de John Maxwell Coetzee y ésta a El viaje vertical (2001) del propio Vila-Matas. En ambas, el viaje es un tema en común. El héroe de esos recorridos se sojuzga por sus emociones. Hasta aquí quiero explicar la relación entre personaje y racionalidad del sujeto, la cual compromete tanto a la cimentación del personaje como al lector. Por su parte, en Coetzee esa condición de lo humano se acentúa por mecanismos diferentes. El mundo es real, pero la ironía se sostiene a lo largo del relato: el personaje pierde poder ante lo real. La relación intersubjetiva del individuo se da a nivel de la memoria del pensamiento. En esta visión de lo literario Fiódor Dostoievski los une y aquello que los separa es la actitud ante lo real. Para uno, es un ejercicio con la otredad, para el otro, con la memoria. Y en ambos la duda de lo real es la frágil línea que los diferencia…».

Novelas son nombres, ensayos inexactos/Ensayo
1ª edición: © Ediciones Estival 2016
Colección El vitral de Duchamp nº 3
ISBN: 978-980-12-8316-4